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#Opinión: Cobrar honorarios acordes no es sólo una cuestión de actitud

Si no estamos dispuestos a aceptar que la profesión se desprestigia con nuestros propios actos y actitudes, nunca podremos emprender el desafío de cambiar la historia.

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Muchas veces hemos tenido casos de algún que otro cliente que nos ha dejado por otro colega el cual le cobraba la mitad o menos de los honorarios por el mismo trabajo.

Es cierto que muchas veces también, los mismos clientes nos «confiesan» que ya no van a necesitar de nuestros servicios porque el primo del cuñado de la tía que es un «genio con los números» le va a dar una mano.

El tema más común a la hora de analizar la ética profesional es sin dudas el cobro de honorarios.

Si bien ambas situaciones tienen efectos similares desde el punto de vista laboral, mirándolo desde un ángulo profesional, sus consecuencias son distintas y nos importan mucho más a la hora de enojarnos o angustiarnos por la pérdida de un cliente. Por eso, vamos a enfocarnos, en este texto, en la primera de las situaciones.

Como contadores que somos, creo que todos, o al menos la mayoría, debería saber que existe un código de ética profesional que limita ciertas situaciones o prácticas comunes en el comercio general. Esto es en pos del respeto que cada colega merece, y de entender que nadie es más o es menos, todos somos profesionales y en consecuencia debemos actuar como tales.

Quizás el tema más común a la hora de analizar la ética profesional sea el cobro de honorarios. Y es lógico que ello suceda al no existir un marco regulatorio que obligue a definir ciertos rangos de honorarios por igual trabajo realizado.

Hoy en día la mayoría de los Consejos Profesionales del país divulgan y publican los honorarios mínimos sugeridos como una guía para que los profesionales presupuesten sus tareas de acuerdo a la complejidad y tiempo de realización de las mismas de acuerdo a la economía de cada región.

Como bien sabemos, pocos son los que cumplen estos honorarios, y aquellos que lo hacen se ven en una situación de a veces tener que elegir entre cobrar un honorario sugerido por el Consejo o «agarrar» al cliente que nos puede salvar la economía personal y/o familiar.

Si bien es difícil, creo que la matrícula en general debería apuntar a homogeneizar los honorarios a cobrar por similares tareas dentro de una misma provincia o región.

Suena a injusto y a un gran despropósito, que alguien que busca cumplir con los honorarios «impulsados» por quienes regulan la profesión, vean marginado su trabajo profesional por otros colegas que presupuestan valores inferiores que en algunos casos llegan a ser de hasta un 50% inferior o más también.

No hay que olvidar que regalar nuestro trabajo es desmerecer el trabajo de otro colega y es desprestigiar la profesión del contador en general.

No podemos culpar al cliente de preferir ir con alguien que le cobre menos. En todo caso, será su responsabilidad el resultado del trabajo realizado.

La culpa de que el cliente quiera irse es del colega que pretende regalar su tiempo cobrando mucho menos de lo sugerido y de lo que debería ser.

Entiéndase que cuando decimos «la culpa», no estamos manifestando que siempre sea algo querido o deseado por el otro colega que pasa un honorario inferior al nuestro. Entendemos que muchas veces la necesidad lleva a estos casos. Y también sostenemos que esa necesidad se basa, sin dudas, en la práctica común de no cobrar lo que corresponde.

Trabajar mucho, bajo presión y contra todos, y para ganar poco, parece ser la impronta de hoy en día. Cuando todo debería ser totalmente al revés. Trabajar poco (lo justo y necesario), sin correr, con el tiempo necesario para llevar a cabo nuestras tareas en forma acorde, y ganar lo suficiente como para poder sostener una economía digna de un profesional.

Por ahí debería empezar el cambio, aunque sabemos depende de muchos factores, internos y externos.

Creo que es hora de empezar a poner el foco y trabajar en forma conjunta, representantes y matriculados, en como estimar en forma razonable nuestros honorarios en base a los establecidos por los Consejos Profesionales para entablar relaciones contador-cliente que se afiancen en el tiempo y no dependan de quien cobre más o menos.

Trabajar poco (lo justo y necesario), sin correr, con el tiempo necesario para llevar a cabo nuestras tareas en forma acorde, y ganar lo suficiente como para poder sostener una economía digna de un profesional.

A futuro debería tratarse una ley de honorarios mínimos obligatorios tal como lo planteamos en nuestras 10 propuestas para jerarquizar la profesión.

A tal fin los Consejos Profesionales de cada provincia y el de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires deberían fijar los honorarios mínimos obligatorios que regirán en su ámbito de aplicación, de acuerdo al grado de responsabilidad, magnitud y complejidad que conlleve cada tarea profesional.

Finalmente, como venimos planteando desde hace un tiempo en nuestras columnas de opinión, estamos convencidos que el cambio empieza por nosotros mismos. Si no estamos dispuestos a aceptar que la profesión se desprestigia con nuestros propios actos y actitudes, nunca podremos emprender el desafío de cambiar la historia.

Sacarle el trabajo a otro colega cobrando menos para ganar menos, no solo es antiético, sino que también, y principalmente, atenta contra el objetivo de jerarquizar la profesión.

Cobrar honorarios acordes a la tarea desarrollada no es sólo una cuestión de actitud. Cobrar los honorarios que corresponden es una actitud profesional individual y de empatía por los demás colegas que cimenta las bases del profesionalismo colectivo.

CPN Marcos A. Felice

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