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Jerarquizar la profesión, todos para uno y uno para todos

Entendemos que todos y todas los y las que formamos parte de esta bendita profesión tenemos y debemos lograr de una vez por todas reivindicarla y sentir orgullo de ser lo que somos.

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Mucho se viene hablando desde hace un tiempo sobre la necesidad de jerarquizar la profesión en el ámbito de las ciencias económicas, más puntualmente de los contadores y contadoras.

La expresión usada en el título de esta columna de opinión viene del famoso lema de los mosqueteros que expresa los ideales de amistad, honor y lealtad que Dumas deja patentes en su novela, Los Tres Mosqueteros. ¿Por qué? Porque entendemos que todos y todas los y las que formamos parte de esta bendita profesión tenemos y debemos lograr de una vez por todas reivindicarla y sentir orgullo de ser lo que somos.

¿Pero de que hablamos cuando hablamos de jerarquizar la profesión?

Uno de los puntos principales donde se debe apoyar la jerarquización profesional, en mi humilde punto de vista, es lograr visibilizar la ardua tarea del profesional, la cual se ha complejizado exponencialmente en los últimos años.

Necesitamos mostrar cómo nuestra tarea ha devenido en indispensable y no sólo por el hecho de ser necesarios por una firma, sino por mucho más que eso.

Ejemplos sobran, ATP, REPRO, régimen ¿simplificado? para pequeños contribuyentes, censo nacional económico, etc etc.

Nadie duda que hoy en día, el sistema tributario argentino es un embrollo de parches sobre parches. Las modificaciones constantes en los principales impuestos nacionales y provinciales hacen que las empresas y las personas necesiten más que nunca de la asistencia y el asesoramiento profesional a la hora de liquidar sus tributos.

Ese asesoramiento es, sin dudas, fundamental a la hora de la toma de decisiones por parte de los contribuyentes. Hoy más que nunca tanto el pequeño emprendedor o la pequeña emprendedora, como el gran empresario o la gran empresaria, necesitan conocer puntualmente como se determinan sus impuestos y cómo lograr pagar lo justo y necesario, entendiéndose como tal, saber aprovechar los regímenes de promoción, los beneficios impositivos, las exenciones o las rebajas que muchas veces no son visibles sin el entrenamiento y sin la actualización profesional necesaria.

La segunda pata donde debería asentarse la tan ansiada jerarquización profesional es sin dudas el hacernos respetar, tanto ante el cliente como antes los organismos y funcionarios del poder político.

Para lograr una “jerarquización de rebaño” es necesario empezar por casa. Es fundamental que cada profesional entienda que sin el aporte de cada uno no se puede lograr nada a nivel profesión en general.

De nada sirve pedir y exigir a los consejos o colegios profesionales si nosotros mismos no hacemos lo necesario para lograr lo que exigimos a los demás.

¿Y cómo hacernos respetar?

Hay mil maneras y opciones, lo primordial es hacerle entender al cliente que es eso, cliente, y que como tal debe aceptar las condiciones que nosotros como profesionales, imponemos a la hora de trabajar para el. Tanto desde el punto de vista de los honorarios como de todo lo demás que hace a la relación profesional – cliente.

Podemos empezar por no responder llamados o mensajes fuera del horario laboral, no regalar nuestro trabajo con honorarios que no son acordes a un profesional, no hacer lo que el cliente quiere sino lo que nosotros pensamos, en base a nuestro criterio y experiencia, que el cliente necesita.

Son algunas formas, las más básicas y elementales, de hacer respetar nuestra profesión. Hay muchas más, por supuesto.

Como tercer argumento, es necesario insistir en hacer que las normas tributarias y demás concernientes a nuestra actividad sean elaboradas y discutidas bajo la tutela de nosotros mismos como profesionales entendidos en la materia.

Por supuesto que nosotros solos, sin el apoyo de la Federación y de los Consejos, no podemos hacerlo. Pero se pueden plantear ideas, compartir opiniones y hacerles ver también a ellos que somos parte de un camino cuyo recorrido es largo e intenso, pero que estamos dispuestos a recorrerlo para lograr el objetivo común que es reivindicar nuestra profesión.

Por ejemplo, esta semana el Consejo porteño ofreció el asesoramiento de la matrícula a los legisladores en el tema Monotributo, que como bien sabemos, viene con idas y vueltas constantes.

No obstante, leí muchos comentarios donde colegas manifestaban que era una locura, que para eso tienen asesores y varias cosas por el estilo.

Me parece que justamente el camino para lograr un sistema impositivo equitativo, justo y sobre todo constante en el tiempo, es tarea de todos y todas los que estamos en esto.

Jerarquizar la profesión es decirle a los gobernantes y legisladores, acá estamos los que sabemos de esto y estamos para ayudarlos a hacer las cosas bien.

La cuarta (pero no última) pata es saber y aprender a mantenernos actualizados para estar a tono y en sintonía con los cambios y recambios que se van produciendo día a día en nuestra labor diaria.

Hacer grande la profesión y distinguirnos como profesionales, significa, entre otras muchas cosas, estar al día con las novedades, interpretar los cambios normativos y formar una opinión propia sobre los mismos. Significa poner en debate lo que pensamos, con argumentos claros y contundentes, para expresar lo que consideramos que debería cambiarse y lo que debería mantenerse.

Los clientes necesitan información y asesoramiento confiable. Bien sabemos que los medios de comunicación muchas veces (des)informan en cuestiones impositivas, expresando ideas o situaciones que no son las reales, por desconocimiento técnico y por no saber asesorarse con los que saben más sobre el tema.

Desde ya que el cliente consume esa información y llega a nosotros con noticias que, o bien son falsas y hay que explicarle tal situación, o también puede pasar que nosotros esa supuesta novedad ya la sabíamos de antemano, justamente por estar al día con los cambios y novedades en la materia, lo cual redunda en una situación de alto nivel profesional y que seguramente sea reconocido por el o la cliente en cuestión.

Por supuesto qué hay mucho más que se puede hacer y que es necesario hacer. Todos entendemos y sabemos bien que es una gran deuda que tenemos para con nosotros mismos el lograr el reconocimiento de la sociedad en general por nuestra labor cotidiana cada vez más devastada y desbordada.

Pero también tenemos que entender que todo logro empieza de abajo y que de a poco, con sacrificio y esfuerzo va a llegar a los de arriba.

Jerarquizar la profesión empieza por casa. Hagamos realidad el sueño. Construyamos un futuro profesional como el que todos reclamamos y deseamos.

Sumemos todos y todas nuestro granito de arena para hacer grande la profesión. No nos quedemos en el reclamo, aprovechemos el momento y la oportunidad de cambiar el rumbo. ¡Uno para todos y todos para uno!

Por Marcos A. Felice, Contador Público Nacional, fundador y editor de contenidos en Blog del Contador

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