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La importancia de no naturalizar el trabajo en días y horas que deberían ser de descanso

Así como naturalizamos que cualquiera trabaje el fin de semana, en unos años AFIP o cualquier otro Organismo tranquilamente decide imponer vencimientos sábados y domingos y entonces ¿de que nos vamos a quejar si total trabajamos esos días?

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En estos días de plenos vencimientos de declaraciones juradas anuales, Recategorización de Monotributo, adhesión a moratoria, REPRO y un montón de cosas más, surgió el debate de si está bien o está mal trabajar los fines de semana para poder llegar con todo.

El disparador de ese debate fue la decisión (netamente comercial entendemos) de una reconocida editorial de poner a disposición de los suscriptores la posibilidad de hacer consultas profesionales el día sábado y el día domingo.

Claro está que esto se debe a los próximos vencimientos (a partir del martes 10) de Ganancias y Bienes Personales.

Antes de continuar, quiero dejar aclarado al lector y lectora que no es nuestra intención emitir juicios de valor sobre si es correcto o incorrecto ponerse a trabajar un fin de semana. Simplemente daremos nuestra opinión fundamentando la misma en lo que venimos desde hace tiempo poniendo en el tapete: la jerarquización de la profesión.

Demás está decir que cada quien es dueño de hacer lo que sienta ganas o lo que esté a su alcance y necesidad.

No podría juzgar a quien decide trabajar un domingo porque en la semana tiene que ocuparse, por ejemplo, de cuidar a sus hijos o cualquier otra actividad que no puede postergar.

Lo que si podemos mencionar y remarcar es que no se debe naturalizar el hecho de tener que trabajar un fin de semana o un feriado por cuestiones ajenas a nosotros (por ejemplo por el mal funcionamiento de la página de AFIP) ni mucho menos por decisiones propias de cada uno (por ejemplo por no llegar con todos los clientes que tenemos en cartera).

Quizás es momento de parar la pelota y ponernos a pensar en nosotros mismos como profesionales.

¿Qué estamos haciendo para mejorar? ¿Es realmente necesario dejar de lado el descanso y el disfrutar con la familia o amigos para llegar con todo el trabajo acumulado en tiempo y forma?

También creo que en estas instancias es momento de mirar hacia atrás y preguntarnos ¿porqué llegamos a esto? ¿Quién tiene la culpa? ¿Qué hice mal para tener que estar encerrado un fin de semana trabajando?

Muchos colegas planteaban la necesidad de cumplir “porque el cliente entrega todo tarde y después la culpa es nuestra”.

Me parece un grave error. Necesitamos adoptar una postura firme y netamente profesional ante estas situaciones. Si la entrega de documentación e información no se cumple en tiempo y forma (lo cual debe ser comunicado al cliente con suficiente antelación) nosotros no nos podemos hacer cargo de cumplir para alguien que no cumplió.

Jerarquizar la profesión también pasa por ahí, por “ponerle los puntos” cómo se dice vulgarmente, al cliente. Por no dejarnos pisotear. Por saber dar a entender que las condiciones las ponemos nosotros porque tenemos la capacidad y el conocimiento suficiente para hacerlo.

Ahora bien, acumular trabajo que no se puede cumplir en la semana es decisión pura y exclusivamente de cada profesional (vuelvo a remarcar que no me refiero a casos extremos como los que marcamos antes).

Jerarquizar la profesión es hacer respetar los días y horas de descanso. Tanto para con el fisco como para con los clientes. Los llamados insistentes fuera de hora, los WhatsApp “urgentes” un domingo a la mañana no deben ser ni siquiera leídos y muchos menos contestados.

Así como naturalizamos que cualquiera trabaje el fin de semana, en unos años AFIP o cualquier otro Organismo tranquilamente decide imponer vencimientos sábados y domingos y entonces ¿de que nos vamos a quejar si total trabajamos esos días? ¿Con que autoridad moral vamos a rezongar contra eso si total la mayoría de los contadores trabajan el fin de semana?

Estamos equivocando el camino. Necesitamos transformar nuestras formas y hábitos de trabajo. Se debería empezar por cobrar los honorarios que corresponden de acuerdo a la tarea desarrollada. Esto hará que por iguales (o mayores) ingresos podamos disfrutar más tiempo libre y evitar de esa manera la necesidad de estar encerrados ante una PC en días y horarios que no están destinados para eso sino para el descanso. Desde ya que esto no se cambia de un día para el otro. Pero el desafío está planteado y hay que comenzar a recorrerlo.

Por supuesto que la principal causa de esto que nos toca vivir son los organismos recaudadores y su inoperancia constante. Pero eso no significa que debamos sacrificar nuestro descanso y nuestra libertad para poder llevar a cabo lo que nos demandan a diario.

Necesitamos que la profesión haga un giro de 360 grados y vaya hacia una dirección donde ser contador sea un orgullo, donde sea respetado y dignificado.

Pero para eso necesitamos el aporte de todos. De quienes nos representan para intermediar con los órganos del Estado en pos de que se mejore de una vez por todas el funcionamiento y el mal trato hacia nosotros. Y, principalmente, de nosotros mismos como profesionales. Porque no olvidemos que somos eso. PROFESIONALES. Y eso lo debemos hacer valer.

Somos muchos más que simples liquidadores de impuestos o hacedores de balances. Llevamos años de estudio en nuestras espaldas. Es hora de que lo hagamos valer. Cobrando los honorarios que corresponde cobrar. Y haciéndonos respetar. Como profesionales, pero por sobre todas las cosas, como personas.

Pensemos esto: ¿Alguien valora que nos quedemos un fin de semana presentando DDJJ? Del análisis costo – beneficio, seguramente la balanza nos dirá que no. Entonces es un buen punto de partida para analizar y entender lo que nos pasa.

No está bien trabajar cuando debemos y necesitamos descansar. Aprendamos a poner prioridades y a imponer una nueva cultura de trabajo profesional. El cambio depende pura y exclusivamente de nosotros.

Marcos A. Felice, Contador Público Nacional (UNQ), Mat. CPCECABA T° 364 F° 236

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